El Ejemplo del Hijo Pródigo
Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen
abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi
padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy
digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y
levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y
fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le
besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y
ya no soy digno de ser llamado tu hijo. (Lucas 15:17-21).
Jesús declaró que la
humildad del pródigo, el reconocimiento de su pecado y el regreso a su Padre,
hicieron que el volviera de nuevo a la
vida de su estado espiritual de muerte y perdición:
Porque este mi hijo, muerto era, y
ha revivido;
se había perdido, y es hallado.
Y comenzaron a regocijarse (Lucas 15:24).
El Señor no
retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente
para con nosotros, no queriendo que
ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro
3:9).
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se
ha acercado
(Mat. 4:17).
El Ejemplo de Pedro
Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro;
y
Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el
gallo cante, me negarás tres veces.
Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente (Lucas 22:61
,62).
¡Cuán sabio es seguir el consejo de Santiago, que predicó el verdadero
arrepentimiento¡
Acercaos a Dios, y él se acercará a
vosotros. Pecadores, limpiad
las manos; y
vosotros los de doble ánimo, purificad
vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se
convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del
Señor, y él os exaltará (Santiago 4:8-10).
Arrepentimiento
genuino
Deje el
impío su
camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y
al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:7).
Mas el impío, si se apartare de
todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el
derecho y la justicia, de cierto vivirá
; no
morirá. Todas las transgresiones que cometió, no le serán
recordadas;
en su justicia que hizo vivirá.
¿Quiero yo la muerte
del impío? Dice Jehová el
Señor.
¿No
vivirá, si se apartare de sus caminos? ... Y
apartándose el impío de su impiedad que hizo, y haciendo según el derecho y la
justicia, hará vivir su
alma. Porque miró y se apartó de todas sus transgresiones
que había cometido, de cierto vivirá;
no
morirá. ...
Convertíos,
y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de
ruina. Echad de
vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos
un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
¿Por qué moriréis, casa de Israel? (Ezequiel 18:21-23,
27
, 28, 30,31).
No hay ningún cristiano que alguna vez haya vivido que no haya
sido tentado al pecado, pero el Espíritu Santo dio una verdad relevante y
consoladora a los cristianos de Corinto
que se extiende hasta nosotros hoy:
No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana;
pero fiel es Dios que no os
dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también
juntamente con la tentación la salida, para
que podáis soportar (1 Cor. 10:13).
Todos seremos tentados pero ninguno tiene por qué ceder a
la tentación. ¿De qué otra manera podríamos
nosotros evitar el pecado? El Apóstol Pablo nos dio visión que
puede ser una salvaguarda para nuestras
almas:
Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne;
pero los que son del Espíritu, en las cosas del
Espíritu. Porque el ocuparse de
la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz (Romanos 8:5
,6).
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de
toda maldad (1 Juan 1:9).
El que encubre sus pecados no prosperará; mas el
que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia (Proverbios 28:13).
El Verdadero
Arrepentimiento produce “Fruto”
En el momento del
arrepentimiento y de la salvación inicial, pasamos de muerte a vida (1 Juan
3:14), de las tinieblas a la luz (Hechos 26:18,
Efesios 5:8, 1 Pedro 2:9), y del poder de
Satanás a Dios (Hechos 26:18).
Pero esto no acaba aquí. Juan el Bautista dio su
entendimiento inspirado por el Espíritu Santo en cuanto a lo que Dios requiere del arrepentimiento, en Lucas 3:8-14:
"Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento. Y no comencéis a decir dentro
de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre;
porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas
piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo
árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. Y la gente
le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿Qué
haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? El les dijo: No
exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos
soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué
haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro
salario".
El arrepentimiento lleva consigo una acción.
Arrepentimiento sin acción no es verdadero arrepentimiento.
…sino que anuncié primeramente a los que están en
Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se
arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de
arrepentimiento. (Hechos
26:20).
El
verdadero arrepentimiento también se manifiesta en dolor, vergüenza por
aquellos actos pecaminosos cometidos y en un deseo ferviente de hacer las cosas
correctamente:
Porque cuando erais esclavos del
pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué
fruto tenías de aquellas cosas de las
cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro
fruto la santificación, y como fin, la vida eterna (Romanos
6:20-22).
Porque la
tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no
hay que arrepentirse; pero
la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios,
¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor,
qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os
habéis mostrado limpios en el asunto (2 Corintios
7:10,11).
Los sacrificios de Dios son el espíritu
quebrantado; al corazón contristo y humillado no
despreciarás tú, oh Dios (Salmo 51:17).
Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al
Señor: He aquí, Señor, la mitad de
mis bienes doy a los pobres; y si en algo he
defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le
dijo: Hoy ha venido la salvación a
esta casa; por
cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del
Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas
19:8-10).
El verdadero arrepentimiento requiere de un
reconocimiento y confesión de nuestra trasgresión, un quebranto en nuestro
espíritu y una actitud opuesta a nuestros caminos trasgresores (frutos de
arrepentimiento).
El Ejemplo de Nínive
Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta
generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que
Jonás en este lugar (Mateo 12:41).
Para averiguar exactamente lo que Jesús quiso decir cuando dijo: “se arrepintieron”, vamos a revisar el
texto al cual se está refiriendo:
Y los hombres de Nínive creyeron a
Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el
menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey
de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de
cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en
Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales,
bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban
agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y
conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos.
¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, que se
convirtieron de su mal camino; y se
arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo (Jonás 3:5-10).
Los ninivitas se humillaron y
clamaron fuertemente a Dios, convirtiéndose
cada uno de su mal camino. Según la autoridad final, esto
constituye el “arrepentimiento”.