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viernes, 28 de diciembre de 2012

EL ARREPENTIMIENTO GENUINO


El Ejemplo del Hijo Pródigo


Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.  Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.  (Lucas 15:17-21).


Jesús declaró que la humildad del pródigo, el reconocimiento de su pecado y el regreso a su Padre, hicieron que el volviera de nuevo a la vida de su estado espiritual de muerte y perdición:

Porque este mi hijo, muerto era, y ha revivido;  se había perdido, y es hallado.  Y comenzaron a regocijarse (Lucas 15:24).  

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). 

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado  (Mat. 4:17). 


El Ejemplo de Pedro


Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro;  y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.  Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente (Lucas 22:61,62). 

¡Cuán sabio es seguir el consejo de Santiago, que predicó el verdadero arrepentimiento¡

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.  Pecadores, limpiad las manos;  y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.  Afligíos, y lamentad, y llorad.  Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.  Humillaos delante del Señor, y él os exaltará (Santiago 4:8-10).

Arrepentimiento genuino


Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:7).   

Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá;  no morirá.  Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas;  en su justicia que hizo vivirá.  ¿Quiero yo la muerte del impío?  Dice Jehová el Señor.  ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?  ...  Y apartándose el impío de su impiedad que hizo, y haciendo según el derecho y la justicia, hará vivir su alma.  Porque miró y se apartó de todas sus transgresiones que había cometido, de cierto vivirá;  no morirá. ...  Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina.  Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.  ¿Por qué moriréis, casa de Israel?  (Ezequiel 18:21-23, 27, 28, 30,31). 

No hay ningún cristiano que alguna vez haya vivido que no haya sido tentado al pecado, pero el Espíritu Santo dio una verdad relevante y consoladora a los cristianos de Corinto que se extiende hasta nosotros hoy:

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana;  pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar (1 Cor. 10:13). 

Todos seremos tentados pero ninguno tiene por qué ceder a la tentación.  ¿De qué otra manera podríamos nosotros evitar el pecado?  El Apóstol Pablo nos dio visión que puede ser una salvaguarda para nuestras almas:

Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne;  pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.  Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz (Romanos 8:5,6). 

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9). 

El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia (Proverbios 28:13).    

El Verdadero Arrepentimiento produce “Fruto”

En el momento del arrepentimiento y de la salvación inicial, pasamos de muerte a vida (1 Juan 3:14), de las tinieblas a la luz (Hechos 26:18, Efesios 5:8, 1 Pedro 2:9), y del poder de Satanás a Dios (Hechos 26:18).  
Pero esto no acaba aquí.  Juan el Bautista dio su entendimiento inspirado por el Espíritu Santo en cuanto a lo que Dios requiere del arrepentimiento, en Lucas 3:8-14:

"Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.  Y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre;  porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.  Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles;  por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿Qué haremos?  Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene;  y el que tiene qué comer, haga lo mismo.  
Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?  El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.  También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos?  Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis;  y contentaos con vuestro salario".
    
El arrepentimiento lleva consigo una acción. Arrepentimiento sin acción no es verdadero arrepentimiento. 

…sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.  (Hechos 26:20).  

El verdadero arrepentimiento también se manifiesta en dolor, vergüenza por aquellos actos pecaminosos cometidos y en un deseo ferviente de hacer las cosas correctamente:

Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.  ¿Pero qué fruto tenías de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis?  Porque el fin de ellas es muerte.  Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna (Romanos 6:20-22).  

Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse;  pero la tristeza del mundo produce muerte.  Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación!  En todo os habéis mostrado limpios en el asunto (2 Corintios 7:10,11).  

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;  al corazón contristo y humillado no despreciarás tú, oh Dios (Salmo 51:17). 

Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres;  y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.  Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa;  por cuanto él también es hijo de Abraham.  Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:8-10).  

El verdadero arrepentimiento requiere de un reconocimiento y confesión de nuestra trasgresión, un quebranto en nuestro espíritu y una actitud opuesta a nuestros caminos trasgresores (frutos de arrepentimiento).


El Ejemplo de Nínive


Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación, y la condenarán;  porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar (Mateo 12:41).

Para averiguar exactamente lo que Jesús quiso decir cuando dijo: “se arrepintieron”, vamos a revisar el texto al cual se está refiriendo:

Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos.  Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza.  E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey  y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna;  no se les dé alimento, ni beban agua;  sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente;  y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos.  ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?  Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino;  y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo (Jonás 3:5-10).

Los ninivitas se humillaron y clamaron fuertemente a Dios, convirtiéndose cada uno de su mal camino.  Según la autoridad final, esto constituye el “arrepentimiento”.


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