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miércoles, 9 de enero de 2013

GUERRA ESPIRITUAL


Cuando ya nos hemos sumergido en los niveles de oración e intercesión, nos vamos dando cuenta que la mayoría de los problemas que suceden tienen en su esencia un origen de carácter demoníaco. Por ello, es importante aprender a lidiar con los demonios, de otra forma no se podrá dar solución a dichos “problemas”.
Lucas 13.10-11 “Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo;
13:11 y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar.”

Por lo tanto vimos que los diferentes niveles de oración eran:

-          Oración personal como hijo y desarrollo de una relación directa con Dios Padre.
-          Intercesión para buscar el “pan” para nuestros amigos. Aquí entramos al borde de la guerra, no en la guerra propiamente dicha. Esta se lleva a cabo en un ambiente amistoso donde se desarrolla nuestra perseverancia y nuestra fe.

Hoy cruzaremos el umbral de la intercesión para enfrentarnos a la guerra espiritual, que consiste en lidiar con los demonios y echarlos fuera, con el poder del Espíritu Santo.
Aquí es Él operando desde el principio hasta  el final, y lo hace usando nuestra humanidad.

Lucas 11:14-20
Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló. Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. Otros, para tentarle, le pedían señal del cielo. Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios.  Pues si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros. 

“el dedo de Dios”, es un termino que Jesús utiliza en el nuevo testamento, pero que ciertamente ya había sido oído en el antiguo testamento.
Éxodo 8.17-19
Y ellos lo hicieron así; y Aarón extendió su mano con su vara, y golpeó el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias; todo el polvo de la tierra se volvió piojos en todo el país de Egipto. Y los hechiceros hicieron así también, para sacar piojos con sus encantamientos; pero no pudieron. Y hubo piojos tanto en los hombres como en las bestias. Entonces los hechiceros dijeron a Faraón: Dedo de Dios es éste. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho. 

El Espíritu Santo es la fuente de poder total por medio del cual somos capaces de derrotar a satanás, a sus demonios y a sus aliados, como vemos en lo que sucedió con Moisés y los brujos de faraón.
Hasta este milagro, Moisés había obrado muchos milagros por la palabra de fe en la que había creído, y hasta entonces el poder de los brujos habían imitado los milagros, pero en este entró Jehová en batalla, por ello los hechiceros ya no podían competir. Es por ello, que reconocieron la superioridad del Dios de Moisés.

Podemos entender entonces que el dedo de Dios es el Espíritu Santo vistiéndose con un cuerpo humano y entrando el mismo en batalla.

Dios creó al hombre para  que gobernara la tierra, y eso no ha cambiado, pero Él es justo aún con sus enemigos. El Señor no puede juzgar a Satanás porque, de hacerlo, en su juicio también entraría  toda la  raza humana que está todavía en tinieblas y tendría que enviarla al infierno. Dios mantiene la puerta de la salvación abierta para todos los hombres, porque aunque Él es Todopoderoso, está limitado por su justicia y por su palabra. Por lo tanto, Dios utiliza nuestra humanidad para destruir la obra del enemigo.
Veamos cuales fueron los principales propósitos por os cuales el Espíritu Santo vino a la Tierra:

-          Vino a echar fuera demonios y a destruir las obras del diablo. 1 Juan 3.8 “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”
-          Vino a convencer al mundo de pecado, justicia y juicio. Juan16.8-11 “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.”

Por lo tanto, cuando estamos disponibles para el Espíritu Santo, nos convertimos en el dedo de Dios, y de esta forma, y no de ninguna otra, podemos lidiar y vencer a los demonios en el nombre de Jesús, porque es así como Él lo hizo.
Lucas 4.18-19 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos ,Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos ;A predicar el año agradable del Señor.”

¿Que fue lo que hizo que Jesús siempre estuviese disponible al Espíritu Santo?
La total obediencia al Padre durante sus treinta tres años y medio aquí en la Tierra. La Biblia nos enseña que Jesús fue como un humano más, que fue tentado en todo, pero que a diferencia de nosotros, no pecó. Tanto es así que dijo así “Yo no hago nada que no vea  al Padre hacer” Juan 5.19 “Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.” Tanta fue su obediencia que se hizo impenetrable para el reino de las tinieblas. Juan 14.30 No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.”

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